Mostrando las entradas con la etiqueta Angel Maldonado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Angel Maldonado. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de febrero de 2012

Más salsa underground: Rafi Val y La Diferente

Me vendieron Fuerza bruta, de ·Rafi Val y La Diferente·, como uno de los mejores discos de la salsa. Una de esas joyas perdidas entre cientos de grabaciones mediocres y erróneas estrategias de venta que los dejaban de lado en un sello disquero, Vaya, que era mero satélite de Fania Records y concentraba sus esfuerzos en promover a Cheo Feliciano, a Richie Ray y a Celia Cruz, ignorando al resto de artistas del roster, que no eran pocos.
Quien lo recomendó de esa manera fue un percusionista reputado que conoce más del tema que yo.
Lo he escuchado con frecuencia los últimos meses. El LP tiene su buena sustancia, aunque no deja de parecer una banda de mediana categoría. La Diferente hacía salsa underground neoyorquina con mucho aroma boricua. Era una de esas orquestas-incubadora que iban dándole forma a los músicos que luego llegarían a triunfar en las grandes ligas.
Es allí, creo, donde se concentra la importancia de este disco.


martes, 8 de noviembre de 2011

Ready for Patato?


A veces la música le lleva a uno a convertirse en inventor. Me refiero a Carlos patato Valdez. El que fue probablemente el mejor conguero del siglo XX, tuvo la ocurrencia de diseñar un mecanismo de sujeción de la piel en las tumbadoras que permitiría su afinación de forma mecánica. Antes de que existiera ese herraje, los tambores -fuesen grandes o pequeños- tenían el cuero cosido al barril, o clavado con clavos. Esto dificultaba mucho la afinación, que tenía que hacerse con fuego, y por tanto limitaba el sonido que el percusionista quería extraer de la piel. Patato inventó los herrajes graduables con su ingenio y con su virtuosismo le dio un fuerte empuje al uso de este instrumento cubano en el mundo del jazz y de la música latina que atronaba en Nueva York. A esta ciudad se había mudado en 1954 siguiendo la estela dejada por sus amigos Chano Pozo -absurdamente asesinado por su dealer en 1948-, Cándido Camero y Mongo Santamaría, a cuya casa Carlos fue a morar recién llegado a la babel de hierro.
                                                                         Carlos patato Valdez                                                (Martin Cohen)
Lo de patato le viene por el tamaño, porque era pequeñito. Llamaba mucho la atención verle detrás de los cueros, casi insignificante, mientras dominaba el ritmo de la melodía con sus ademanes y su sabor en las manos. Pero también tenía muy buen carácter, era un consumado bailarín, derrochaba carisma, tocaba además el tres, la marímbula, los cajones, el shekere y aceptaba de buena gana meterse en contubernios con el jazz. De hecho, una vez apostado en Estados Unidos, se dejó caer más por los campos de la experimentación sonora con la musicalidad negra que por aquellos en los cuales las evoluciones de los propios ritmos cubanos fueron evidentes. Fue uno de los obreros de ese mestizaje musical y por eso su nombre es tan importante para la música.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...