A ·Ricardo Ray· y a ·Bobby Cruz· les conozco lo justo. Para ser sincero, hay algo en la forma de arreglar y afinar las trompetas de su orquesta que siempre me ha generado un poco de desdén. Me dan un poco igual. Es como si sonaran a banda de pueblo antigua, o a mariachi, pero sin la contundencia en el fraseo de este género mexicano. Porque esa afinación no parece de trompeta de sonora: de hecho, junto con los coros suena como a Ray, pero Ray Conniff gone latin... (¿será por eso mi rechazo?). Además, junto con el soberano piano de Ricardo -que estudió para concertista- y el vozarrón de Bobby, estos dos metales son el sello de la orquesta.
Como sea, no me he preocupado demasiado por coleccionar sus discos más allá de los que son clásicos, y no era plan mostrar a Ray y a Cruz hoy, aquí, con el lugarcomún Jala Jala y Boogaloo (de 1967), o el Volume 2 (de 1968). Habría sido demasiado cliché.
Como sea, no me he preocupado demasiado por coleccionar sus discos más allá de los que son clásicos, y no era plan mostrar a Ray y a Cruz hoy, aquí, con el lugarcomún Jala Jala y Boogaloo (de 1967), o el Volume 2 (de 1968). Habría sido demasiado cliché.
| Bobby y Ricardo, cuando vivían en Nueva York |
A eso súmale el renacimiento de ambos como evangélicos en 1975 y los disparates que grabaron posteriormente en esa onda llamada salsa cristiana.
Pero no vayan a pensar, por favor, que los tipos me caen mal, porque en realidad me parecen unas personas estupendas, que fueron víctimas de la fama y sus vicios, como muchos, pero lograron salir de ese asunto, como pocos, y viven ahora con tranquilidad y sin haber perdido sus raíces ni la estima del público.