Siempre he pensado que ·Bobby Valentín· es un tipo inteligente. Sensato. Con las vainas claras. Así por lo menos ha ido llevando su vida desde chiquitito.
Les explico: en 1956, el hombre se fue con 15 años a vivir a Nueva York, con sus estudios de trompeta como única maleta, a buscarse la vida, como todos los que salen a los 15 años del hogar puertorriqueño para adentrarse en las fauces de esta ciudad y lo que eso conlleva. A los dos años ya estaba trabajando en la agrupación de Joe Quijano tocando y produciendo arreglos interesantes que mostraban su gusto por variar el típico sonido típico y forjar su propio carácter.
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Roberto Valentín en 2006 Jean-Luc Agatos
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Siempre ha tenido ganas de experimentar.
Después, participa en las orquestas de Willie Rosario (que tenía residencia en el Club Caborrojeño), Charlie Palmieri, Tito Rodríguez y Ray Barretto, que no son poco. Pero no queda contento y, al tiempo, decide fundar su propia banda, con la que lanza en 1966 su primer disco, bajo el sello Fonseca Records. Poco después firma con Fania contratos por cinco años -inteligente, como les decía-, y comienza a labrarse un nombre dentro de la naciente musicalidad. Regresa a la isla en 1969 y se establece allí, tal vez huyendo de la competencia musical de Manhattan, tal vez anticipando que esa locura por la salsa terminaría muriendo en Nueva York y seguiría viva en Borinquén, como más o menos sucedió así.
