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| Rara imagen: Al Santiago toca el clarinete, Willie Colón la flauta y Kako intenta dormir. 1966 |
Uno de esos personajes fantásticos que dieron forma a la expresión salsera fue ·Alberto Al Santiago·. Tuvo la suerte de haber nacido en un ambiente copado de ritmos en el Harlem hispano... y en una casa que se llenaba de músicos todas las semanas del mundo.
Contagiado de ese espíritu, Al se inició primero como saxofonista y, luego, como director de la orquesta que había dejado su tío, a la que fue reemplazando poco a poco los músicos para renovarla y hacerla más acorde con lo que se estaba cocinando en el gueto latino durante los años 50. Con el rimbombante nombre de Chack-a-ñu-ñu Boys, la banda sudaba reminiscencias de Machito -a quien Al siempre admiró-, tocaba guarachas, mambos y boleros, y sonaba en fiestas y bodas del bajo Bronx. Su decisión de apartarse del negocio de las orquestas le sobrevino una noche que el trompetista regular no pudo asistir y envió como reemplazo a un colega amigo suyo... nada más y nada menos que el enorme Buck Clayton.
