sábado, 20 de agosto de 2011

Descubriendo a Joe Bataan

No aparece mencionado ni una sola vez en el Libro de la Salsa de César Miguel Rondón, y debió haber salido. Suele estar alejado de cualquier recopilación salsera, tal vez porque nunca pretendió entrar en ese rígido corsé con el que a veces se quiere definir a la expresión latina en la ciudad de Nueva York, y debió estar incluido en cualquiera de esos compilados. No ha entrado, definitivamente, en ese reducido grupo de salseros puros (¿existirá realmente ese grupo o es todo una pasión por lo nuestro?), aunque podría tener sobradas razones para pertenecer a él.
Se preguntarán el porqué. Intento una respuesta: a mi entender, una de las características de todo ese grueso asunto llamado salsa es la mezcla, el injerto, la adición de estilos y sonidos, la licuadora de tumbaos y resonancias, de experiencias de vida, de barrio y gueto y callejón, de deseos de superar la pobreza, de cantar a lo que uno tiene alrededor. A su gente y a la cotidianidad. Bueno, ese sonido que es mestizo, que tiene de todo, encontró en ·Joe Bataan· (se pronuncia Batán) a uno de sus músicos más experimentados, siempre abierto a esa mixtura. Bataan fue quizás el que menos complejos mostró al asumir el inglés como idioma propio y unirlo al español, sumar rhythm & blues con ritmos latinos y hacer con ellos una trenza indivisible.
Bataan Nitollano, bien asentado con los años
Juega a su favor una característica nata: Bataan Nitollano (que así se llama en realidad) es hijo de afroamericana y filipino, y nació en Manhattan. El inglés fue su idioma materno y su crianza no habría diferido de la cualquier negro -o extranjero, daba igual- del gueto de la ciudad sino fuese porque, gracias
a esas deliciosas paradojas que nos depara la vida, creció en el Spanish Harlem -103th Street con Lexington Avenue, para ser más precisos- y terminó haciendo el camino contrario a la mayoría de los músicos latinos neoyorquinos: mientras ellos asumían las influencias del jazz, el bebop y el R&B para nutrir el son que cocinaban, él bebió de los ritmos latinos que sonaban insistentemente a su alrededor para engordar su soul.
Allí, él era el diferente.
Reality bites, Bataan no tuvo una adolescencia modélica. Para nada. Eso de la calle está durísima lo puede definir claramente. Perteneció a pandillas juveniles, las llamadas gangas, y estuvo preso en dos ocasiones: la primera fue en 1959, por estar conduciendo un vehículo robado; y la segunda, en 1964, por violar su libertad condicional. Pero, como en las películas, fue en la cárcel donde se dio cuenta de que su carácter pendenciero no le iba a llevar a buen puerto y, entre rejas, aprendió música de la mano de Mark Francis, se empeñó con el piano, adoró y copió a muerte el estilo del enorme Eddie Palmieri y logró aprender el arte de las teclas con sobrada soltura. A la salida de la cárcel tomó la seria decisión de controlar esa furia que tenía por dentro, no volver a entrar en chirona, no, y canalizar ese ímpetu en algo que fuese útil. Que le apasionara.
Es 1965 y Bataan decide formar su propia banda, compuesta principalmente por carajitos quinceañeros del barrio, buenos en los suyo aunque no tuviesen mucha educación formal. Se dice que reclutaba a cualquiera que se presentase con un instrumento por el Ettinger Centre. Las discusiones con las madres de los músicos eran eternas, porque los toques eran por la noche y ellas querían que sus retoños estuviesen en casa a más tardar las 10.
En una ocasión se encontró al promotor musical Federico Pagani (que de aquellas aún estaba al mando del Palladium Ballroom). Al verlo, se acercó y presentó- Le dijo: tengo una banda. Pagani mostró interés y le ofreció un break entre sets en el Tropicoro. Le advirtió que no podría pagarle mucho, pero Bataan igual aceptó y le entregó una tarjeta de presentación a Pagani. Este necesitaba escribir un nombre y lo hizo en dicha tarjeta. Joe, puso -(vaya usted a saber por qué). Cuando hicieron el cartel para el baile, Nitollano vio con sorpresa que habían eliminado su apellido y, en su lugar, habían puesto Joe Bataan.
Le pareció un nombre estupendo.
Después de ese set, Pagani le ofreció empleo estable, las discusiones con las madres aumentaron y su prestigio también. La banda, bien aceitada, estaba compuesta por Bataan en el piano y la voz en inglés, Joe Pagán cantando en español, Joe chickie Fuentes y Rubén Hernández en los trombones, Louis Devis en el bajo, Eddie Bater en los timbales, Víctor González en la conga y Richie Cortez en la campana.

En una audición que realizó en el Ettinger Center, Pagán faltó a escena y Bataan tuvo que cantar su versión en inglés de Gypsy Woman (la original pertenece al grupo de soul The Impressions y fue un exitazo en 1962). Allí se encontraba George Goldner, que ya no estaba al mando de Tico y había fundado un nuevo sello, Cotique. Goldner le dijo con toda franqueza que la música estaba bien, pero que su voz no daba la talla, que hacía falta una que fuese más masculina. Bataan se negó a escuchar razones y respondió que si grababa era con su propia voz. Goldner, según cuenta Max Salazar, le contestó: no te molestes, yo quiero grabarte. Qué importa si tú eres el líder de la banda; deja que alguien más cante. Y le extendió un contrato en blanco, en el que firmó "Joe Bataan". Igual nombre puso en el contrato que le extendió el DJ Dick ricardo Sugar, y en el que le ofrecieron José Curbelo, dueño de la agencia de representación Alpha, y Jack Hooke, promotor del legendario Village Gate.
Hooke le comentó que Atlantic Records estaba interesado en registrarle, sin pagar por la grabación -obvio-, y cuando Curbelo se enteró de la movida decidió presentárselo a Morris Levy, mafioso capitoste de Roulette Records y su subsidiaria Tico.
 Estaban Bataan y Levy conversando, Curbelo de testigo, sobre las características del contrato -te grabo la próxima semana y te pago por las grabaciones y los derechos de autor- cuando Goldner entra en la oficina de Levy y ve el panorama. Goldner dijo: a este chamaco lo tengo yo bajo contrato, ante la mirada atónita de Curbelo y Levy. Este miró a Joe y respondió: sabio, el muchacho. Morris intentó negociar con George, pero no hubo manera. Como suele pasar, al final todos se unieron en su contra y estuvo durante un tiempo sin poder tocar en ninguna parte. Vetado. Hasta que cayó en las manos de otro inefable, Jerry Masucci, quien le ofreció las mismas condiciones que Levy y lo añadió al creciente roster de la creciente Fania Records.
Los otros contratos, al estar firmados por Joe Bataan y no por Bataan Nitollano, no tenían ninguna validez.
El hombre se había salido con la suya.

Pocos meses después salía su primer LP, Gypsy Woman, que tuvo un éxito importante. Esta producción navegó en las aguas del boogaloo, que estaba en su mayor pico de fama, pero con ciertas particularidades que intentaré explicar más adelante. El disco abre con la canción homónima, en clave de boogaloo y R&B. Pero, si uno se fija bien, la sonoridad es ligeramente diferente: va más hacia los pagos del soul que del latin sound. Tal vez sea por esto mismo que a Bataan se le considere el creador del Latin Soul, aunque él lo niegue vehementemente y diga que ya La Lupe cantaba esa música cuando él entró a escena. La siguiente canción, So fine, va por los mismos caminos. Alguno dirá que suena a boogaloo, pero no olviden que las intenciones eran distintas: el boogaloo tiene apenas dos o cuatro estrofas y su destino es hacer guasa y reventar la pista de baile; la propuesta de Bataan, en cambio, cuenta con letras más profundas, con una entonación en la voz distinta, con unas intenciones diferentes de lo que estaba sonando alrededor. Tal vez por eso no permeó bien en los países latinoamericanos. Aunque en Nueva York hizo furor.
La siguiente canción, Fuego, es un mambo con unos trombones que recuerdan demasiado a la perfecta de Palmieri y Barry Rogers, y un largo solo de piano, eficaz y sabroso aunque le deba mucho a Eddie. Campesino es la influencia cubana más clara de todo el LP, con un montuno típico de principio a fin y una moña con trombones y aroma a Nueva York, y corona el tema con una especie de breve clímax musical. Chickie's Trombone y Too Much Lovin' son un par de boogaloos uptempo, casi shing-a-lings, con arreglos rudos, rudimentarios aún. Sugar guaguancó es otro guiño al sonido latino, aunque en este caso las moñas del montuno puedan llegar a herir los oídos. Fígaro es un lento boogaloo, aunque con letras en inglés y español; y con un arreglo recuerda mucho a las primeras grabaciones de Willie Colón. Poco había que inventar en esos días.
Cierra el disco una de los temas signature de Bataan, Ordinary Man, una balada en R&B dedicada a su última ex novia. La canción tuvo un éxito inmediato y llegó al puesto 16 de las listas de WWRL Radio

I don't drive a beautiful car and
I don't own an elegant home
I don't have thousands to spend
Or a sea side cottage for the weekend.

I'm just an ordinary guy
You left behind

Exclusive night clubs, 
are out of style with me
Cause I don't associate with high society
I don't hang around playboy millionaires

I'm just an ordinary guy
You left behind

Subway take me downtown
My apartment is my home
I spend weekend with friends
Otherwise I'm alone

Walk hard
Pay me no mind
You're ashamed  of me
You girl

Walk hard
Pay me no mind
Don't you know that I'm not the guy

Cuenta Bataan que la noche que la radiaron por primera vez, se había reunido con decenas de familiares y amigos a escucharla en sus receptores en un patio del project donde vivía. La sensación que vivió fue alucinante: no tienes idea que un tipo como yo pase de la pobreza al reconocimiento, le dijo en una ocasión a Salazar.
Lo mismo que todos.

Bataan sacó dos discos más en menos de un año, uno de ellos importantísimo: Riot! Hablaré de esas producciones en un futuro. Hasta 1973 siguió grabando para Fania, en 1974 inventa el nombre y funda la muy importante Salsoul Records junto con los hermanos Cayre, se anticipa al disco music y es uno de los primeros que graba un rap, en 1979. En definitiva, Joe es uno de los músicos más reconocidos de la escena local neoyorquina, mestizo como lo es la ciudad y con muchas historias que contaré otra ocasión. No se encasilló en la salsa, y tal vez por eso terminó no perteneciendo a ella. Pero en sus primeros años jugó un papel importante en el desarrollo de la música latina grabada en Nueva York.
Lo estoy descubriendo ahora y, mientras más lo escucho, más ganas tengo de saber de él.
El tipo vale la pena.

Llama un poco la atención que Masucci y Pacheco hayan decidido firmar a Bataan, a sabiendas de que sus inquietudes musicales no iban por el mismo camino que tomó Fania posteriormente. Yo creo que se debe a la oportunidad: el boogaloo estaba de moda, el material de Joe era bueno y Fania Records todavía no tenía claro hacia dónde podría ir la música de la ciudad. Atinaron bien, porque Bataan fue uno de los mayores vendedores de la casa, pero si se hubiese presentado en 1970 estoy seguro de que Pacheco le habría mirado con conmiseración, antes de decirle: oye, mulato, nosotros no grabamos esto.

2 comentarios :

  1. Por ironias de la vida, los nuevos due#os de Fania estan usando el catalogo de Joe Bataan para casi todas sus recopilaciones y discos que lanzan con DJ's actuales, pareciera que le estan buscando dar un segundo aire al boogaloo y grabaciones de la epoca pre Fania All Stars. Saludos

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  2. Hay que tener en cuenta también que las canciones de Bataan son mucho más proclives a ser remezcladas por djs actuales que las de salsa pura. El funk y el soul siempre han estado presentes en la vida musical... y también es más fácil hacer la remezcla a estas canciones que a un montuno de Palmieri :)

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