miércoles, 7 de septiembre de 2011

Frankie Dante y su salsa underground

Entiendo que la voz y el soneo de Lenín Francisco Domingo Cerda, conocido aquí y allá como ·Frankie Dante·, no encajan dentro de lo que siempre ha debido ser el excelso canto caribe. Que no llega ni a balazos al nivel de los demás cantantes de su generación, incluso los menos reconocidos (no me pidan poner nombres, por favor, que aquí todos intuimos quiénes son). Que Frankie tenía muchas limitaciones. Es como que me pongan delante de un micrófono y digan: empieza a cantar.
Fatal.
Entiendo también que para algunos puristas su estilo pudiese sonar fatuo y vacuo, saturado e insuficiente; un quiero y no puedo. Que intentaba nadar (sin branquias, el pobre) en las aguas del canto de Ismael Quintana, a quien imitó con desparpajo.
A eso súmale, para rematar, un carácter combativo, un espíritu irreverente y unas posturas políticas bastante heterodoxas, que no eran fáciles de aceptar en los medios musicales neoyorquinos de esos años y que lo relegaron a esos estratos underground de la música latina de Nueva York.
Pero, ¿saben qué? El tipo se arriesgaba. Se mojaba. Tal vez no estaba plenamente consciente de sus limitaciones, o al menos no las veía como tales. Porque se lanzaba a los escenarios y verlo en vivo, en cualquier grabación de youtube,  es verlo entregado. Cosa que tiene su punto. Dante poseía, además, madera para el liderazgo: mantuvo durante bastante tiempo a su orquesta, compuesta por músicos por demás solventes, en ese delicado mundillo de la ciudad que se tragaba a cualquiera.
Porque quería contar cosas, reclamar, abrir un espacio a la queja y al inconformismo, y ya desde sus primeras grabaciones para Cotique Records -sello fundado por George Goldner a finales de los años 60- trató de marcar distancia, con mayor o menor fortuna, de lo que estaba sonando a su alrededor. O como lo definió César Miguel Rondón (que en su tótem-libro lo despacha en un par de líneas, y no me parece justo) con mucho criterio: el desesperado sentimiento del ser marginado que exige ser oído.
Tuvo como referencia clara lo que hacía Eddie Palmieri. Y al menos en ese aspecto el tipo sabía a quién seguir.
En ese anhelo de querer hacer cosas diferentes, contó en varias oportunidades con la colaboración del gran Charlie Palmieri, hizo un disco en conjunto con Larry Harlow y participó en una de las mejores grabaciones de toda la expresión salsera de los años 70: Beethoven's V, de la que hablaré largo y tendido en un futuro. El nombre de Frankie Dante estuvo siempre asociado a esa movida underground que pululaba por las entrañas de Nueva York, viviendo a pesar del arrase del boom (o tal vez gracias a él), y en donde nunca dejó de hacer música aguerrida, bastante libre, que bebía de las calles del barrio, y tenía puesto el norte en su gente. En nadie más.
Es por eso que los fanáticos de Dante, que los hay y muchos, consideran que su aparición en numerosas listas negras (Frankie estuvo vetado en varios de los circuitos musicales de Nueva York durante muchos años) se debió a la autenticidad de su música. A que no estuvo dispuesto a transigir, como otros grupos hicieron, a los dictámenes del monopolio Fania -que compró a Cotique en 1974 como parte del pool de sellos del paraguas de Tico Records-, y de unos pequeños dictadores que decían cómo es que se debía hacer la música, hasta que al final terminaran logrando que toda se pareciese.
Con Dante eso no ocurrió, y por eso, si uno hace caso omiso de su voz (tal y como a veces hacemos con la de Willie Colón), la música que se descubre muy interesante. Porque ha envejecido muy bien, además: llevo varios días reencontrándome con su breve discografía y me la estoy vacilando. En serio.
Tiene tumbao.
Uno de los discos que más me ha enganchado ha sido Salseros de Acero, grabado en 1976 en los legendarios Bell Sound Studios -cerrarían ese año-, que reúne a un grupo interesante de músicos, algunos arreglos muy adelantados a su época y el uso de dos steelpans trinitarios -algo que puede sorprender incluso al oído menos pillo- a cargo de Nickey Enoth y Mike Gilford. Los trombones, como fue una constante en la Flamboyán, estuvieron en los labios de Angelo Rodríguez y Joe chickie Fuentes. Se suma una trompeta a cargo de Larry Spencer (que había tocado en la orquesta de Harlow y participó en el concierto del Cheetah), Alex Ojeda estaría en los timbales, el enorme José Mangual Jr. en los bongós, Milton Cardona (de la orquesta de Héctor Lavoe) en las congas, Louis Small en el piano y Scipio Sargent en la guitarra. De invitados especiales contaron con nada menos que Tito Puente en el drum kit, Mark Dimond en los sintetizadores, Ricardo Marrero en los teclados y Charlie Palmieri en el órgano.
La producción empieza con una reedición de La coquetona, un son montuno que ya había cantado en 1968, en una versión más rápida con Palmieri en las teclas y un solo de steelpan que es sutil, adecuado, como encontrarse un sabor inesperado en una comida y disfrutar del exotismo; luego, una moña de trombones y trompeta muy depurada, heavy. Sigue a continuación Santiago, un homenaje y saudade a la dominicana Santiago de los Caballeros (Dante es de la isla), con mucho de soca, mucho de bomba y de calipso, y también de merengue. Y luego Ciencia política, que es un son montuno grueso, una queja, un óigannos, por favor

Hay que cambiar, José
la Flamboyán le dice por qué

Queremos cambiar el sistema
removiendo a todos los payasos
Si los políticos no cambian
la destrucción vendrá muy pronto.

Hay que cambiar, José
la Flamboyán le dice por qué

Viviendo con tantas promesas
y nunca cumplen sus palabras
Despierten los del tercer mundo
que juntos así venceremos.

con una letra, como habrán visto, nada fuera de lo habitual en el Caribe...
La conversación de steelpans y guitarra incluida en el montuno es muy peculiar, con riffs que tienen muchas reminiscencias a Trinidad y Tobago. Reminiscencias que en Jericó serán realidad, al presentarse esta canción como un calipso cantado en inglés. Y luego otra referencia antillana, Me voy a Pinar del Río, uno de esos viejos sones de la Sonora Matancera que llevó a la fama Celia Cruz. Y posteriormente otro son montuno lento, pesado, quejoso, Me quieren crucificar, donde se queja justamente de esas listas negras que mencioné más arriba y, por supuesto, de la deuda histórica de la esclavitud, ya que estamos en una de queja. En ella, Sargent se suelta un solo de guitarra eléctrica bastante solvente; otro sabor exótico.
A continuación viene un bolero-cha muy largo, Cuanto te fuiste de mí, con un arreglo en los metales con tesituras que caen primero en la onda típica y luego se trasladan a Nueva York. Interesante. Aunque interesante de verdad es la canción siguiente, Chupa el pirulí, un viejo guaguancó de Arsenio Rodríguez que ya Dante había cantado en su primer disco. Aquí lo reedita sin mayor cambio inicial -la trompeta de Spencer, muy cubana, fíjate, sirve de abreboca-, aunque luego del pregón -cuyo doble sentido es bastante tonto y casi procaz- el arreglo de Palmieri se lanza en los predios del jazz latino con un montuno delicioso, sorprendente, al que solo se le podría añadir una base four-to-the-floor para transformarlo -es un ejemplo- en un temazo de house de los años 90 propio de Little Louie Vega. El sonido es definitivamente neoyorquino, exquisito, Markolino aparece tocando un sintetizador que no llegó a ser bien comprendido en su momento -fue, además, una de sus últimas grabaciones-, aunque ahora tenga muchísima validez sonora; Charlie se suma con un órgano muy melódico, chickie añade el trombón y se lanza un solo lleno de felicidad mientras Small marca el ritmo con el piano de una forma excelente, y Sargent apoya con la guitarra. Bienvenido sea. Aquí se comprende, de nuevo, la riqueza musical de la ciudad y su sonido único y aguerrido. Son más de dos minutos de buen montuno, de buena música, de esa que te obliga a ponerla de nuevo. De esa que ya no se graba, desgraciadamente, porque a nadie le atrae hacer cosas tan buenas como esta.

Es verdad, la voz de Frankie desluce la producción. Pero sin Dante este disco no habría llegado jamás a ver la luz. Ni habría quedado como uno de los pocos ejemplos de esa salsa que no comía de la fama y la promoción estruendosa maquinada por Jerry Masucci.
Y lo mejor es eso, que parece que no envejece. Tanto no envejece que se adelantó década y media a lo que sonaría en la ciudad. Una pena que los nuevos dueños de Fania no se hayan preocupado en reeditarlo. Ni siquiera un compilado le han hecho al pobre Dante.
Pareciera como que esas viejas listas negras aún siguen vigentes.

Que, eso: descatalogado desde el año 2000. Tan descatalogado, que no se consigue una sola foto de Frankie en internet. No hay manera. 
Solo les digo que vale la pena hacer el esfuerzo para conseguirlo.

8 comentarios :

  1. Habia escuchado de la Flamboyan quizas 2 o 3 piezas a finales de los 70as,sin prestarle mucha atencion a una orquesta menor, con un pesimo cantante,pero heme aqui que hoy me muestras que la Flamboyan era una muy buena orquesta,"el cantante sigo pensando q es mejor q se callara",y una mirada retrospectiva,me permite escuchar sonidos hasta innovadores en su tiempo,gracias XOAN por permitirme recorrer esa parte de la historia,de la salsa que se mantiene en segundo plano la se consideraba no comercial no Fania

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  2. Aunque este descatalogado, voy a hacer el esfuerzo para conseguirlo y si lo logro te envio los links Juan, para que los oigamos todos...

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  3. http://www.megaupload.com/?d=EP63BRNL

    De aqui pueden bajar este descatalogado....

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  4. Totalmente de acuerdo con tu apreciación por Frankie Dante. Y llama más la atención que Markolino lo llamara para cantar en el "Beethoven´s V" sabiendo que era muy limitado en las vocales. Creo que fue una sutil forma de reivindicar a este marginal que buscaba su lugar en el movimiento salsero. Sale hasta en la carátula cuando el otro vocalista era el gran Chivirico Dávila. Y vamos, que entre Dante y Chivirico hay una diferencia sideral.
    En lo que sí no estoy muy convencido es que a Dante lo pongas en lo llamas "salsa underground". Para mí este término mas bien engloba a jóvenes nuyoricans que tuvieron una oportunidad muy limitada para plasmar sus propuestas musicales, básicamente con una influencia proveniente de Willie Colón, y se caracterizaban por lo irregular de su existencia, tal como lo mencioné en otro post. Dante más bien sería de los grupos de segunda línea, como los Lebrón. Buen tema para intercambiar pareceres.
    Saludos
    Víctor Paredes
    Lima-Perú

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  5. Hermano tremenda retrospectiva sobre Frankie Dante, como ud. lo dice el tipo estaba fuera del estereotipo que buscaba el monopolio fania, pero el tipo tenía arrojo, coraje, garra, xuxa el tipo era un bravo, como se dice "Yo voy a mí" ......y a la verdad que los solos de trombón de Angelo Rodríguez y Joe chickie Fuentes, no tenían nada que pedirle al montón de etiquetados que había en ese momento, lastimosamente esa orquesta no gozaba del monopolio ya mencionado.............Gracias...se botó hermano.....lo postearé en Facebook

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  6. Como fusionaba los ritmos, el tipo tenía unas ideas pocos introducidas en la salsa, stells, guitarras eléctrica, jazz-rock......Jerico, Joe's Landlord por mencionar algunos.....

    Desde el Puente del Mundo - Panamá

    Kadid Aguilar

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  7. Frankie Dante presidente.

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