martes, 20 de septiembre de 2011

Tito Rodríguez, en Puerto Azul

No como ahora, que es más un referente de caos, de violencia, de arterias obstruidas por un atasco permanente de vehículos, de edificios públicos forrados malamente con gigantografías de cierto Mao tropical, de cientos de barriadas hinchadas de chabolas en las que viven con injusticia cientos de miles de personas, de planes urbanísticos dejados a medias y arrimados en el olvido, de infraestructuras que ya pasaron su fecha de caducidad y un entramado social que se ignora y agrede al mismo tiempo, Caracas a comienzos de los años 60 era una ciudad de buen ver, casi elegante, pujante, interesante y dinámica. Se abría con fuerza a la democracia y se estaba convirtiendo en ejemplo para los demás países vecinos, que no son pocos. Además, contaba para aquel entonces con uno de los carnavales más reputados de la región.
Era una ciudad que sonaba bien en el resto de América Latina.
Tito Rodríguez y parte de su orquesta, 1963
Estas características la convirtieron en referente para muchas orquestas. Y, por eso, Caracas fue cantada por muchos artistas, homenajeada en discos y escenario obligatorio de los mejores grupos y artistas.
Una de las personas que mejor supo aprovechar ese empuje que daba Caracas para consolidar una carrera artística fue Tito Rodríguez. Me explico: Tito ya estaba consagrado como uno de los mejores cantantes de música latina en Estados Unidos. Estaba metido en la movida desde comienzos de los años 40 y había cantado para gente de la talla de José Curbelo y Arsenio Rodríguez. Era innovador y muy perfeccionista, y su orquesta estuvo siempre considerada entre las mejores del ambiente latino desde que el mundo es mundo. Pero Tito, también, había sufrido en varias ocasiones las durezas del mundillo musical en Nueva York. Y, honestamente, estaba cansado de ser forzado al puesto de segundón frente a Tito Puente -la rivalidad entre ambos rayaba en el odio-, estaba harto de las intrigas que le causaron bastantes tragos amargos en los Palladium Ballroom (el de Nueva York y el de Los Angeles; en ambos fue obligado a ser número dos en el cartel, cuando él tenía sobradas razones para ser el primero) y de los dolores de cabeza de las uniones de músicos, verdaderas mafias capaces de agitar la existencia al más reposado.

Un día se dio cuenta -siempre ocurren esos días, que son como una revelación- de que tenía allá abajo un mercado mucho más grande que el hispano en Estados Unidos. Y fue en ese momento -1962- cuando decidió internacionalizar su nombre. Gracias al poder que tenía la disquera para la que grababa con exclusividad, United Artists, Rodríguez organizó varios viajes a diversas naciones de América Latina, todos ellos con muchísimo éxito. Una de esas giras tuvo como destino Venezuela.

A comienzos de 1963, Tito Rodríguez triunfa en los carnavales de Caracas y se lleva el Momo de Oro a la mejor orquesta visitante. Un exitazo mayúsculo. Como respuesta al amor que le profesó el público caraqueño, a los pocos meses sacó un disco de pachangas y boleros con especial acento en las canciones que habían triunfado durante sus presentaciones en la ciudad. En homenaje a uno de los espacios más elegantes y llamativos de la metrópoli, decidió titular el álbum In Puerto Azul, Venezuela. Puerto Azul es un club privado ubicado en la costa cercana a Caracas, visitado exclusivamente por gente de clase media alta y con unas instalaciones que eran muy modernas y confortables para esas fechas, pues había sido completado pocos meses atrás. Cuentan que fue contratado para tocar en un vermouth bailable y quedó fascinado con la belleza del lugar. Además, unir su nombre con la elegancia del club convenía a Tito.
Era un asunto de estatus.
Aunque inicialmente Tito no quiso añadir trombones a su orquesta, que copiaba el formato de las big bands norteamericanas de los 50, en ese año parece que se estaba dejando influir por la nueva sonoridad que estaba comenzando a tomar cuerpo en Nueva York, pues en la portada de este disco aparecen los 14 músicos que se encargarían del piano, el bajo, los tres saxofones, las tres trompetas, un trombón (sí, un trombón), las pailas, las tumbadoras, el bongó, el güiro y las maracas, y Tito y la segunda voz femenina en el centro de la imagen. Desconozco los nombres de prácticamente todos los integrantes, aunque identifico a Víctor Paz, un panameño que ha sido uno de los mejores trompetas del Caribe, a Bobby Porcelli en uno de los saxos y al gran Marcelino Valdez en la tumba. Esta producción es importante porque fue una de las últimas grabadas por él con una orquesta de ese calibre. Lo que en 1963 parecía posible, al año siguiente ya sería impensable. Luego les explicó porqué.

El disco comienza con Alma Llanera -primer guiño-, considerado desde siempre el himno popular de la nación, aunque la letra me haya resultado siempre un tanto, digamos, expresionistasoy hermano de la espuma, de la garza, de las rosas y del sol -dice la letra. No deja de ser curioso que en el reissue venezolano de este LP dicha canción fuese suplantada por otro tema, de nombre Treinta y un sabores. ¿Problemas con los derechos de autor? ¿No gustó la versión de Tito? Estas grabaciones han pasado por tantas manos (pertenecen ahora a la misma gente que maneja los archivos de Fania Records) que ya nunca se sabrá.
Un bolero viene a continuación, Beso extraño, que demuestra que su voz aterciopelada, bien asentada, le permitiría convertirse en uno de los mejores boleristas de todos los tiempos. La pollera colorá es otro guiño, pero esta vez a la vecina Colombia, con un arreglo en pachanga que logró apartarla del espectro de la cumbia y modernizarla -aunque la risa histérica de la contraparte femenina estropease la grabación final. El criticón es un mambo muy al estilo de Tito, con una letra combativa y a saber a quién se la echaba en cara en esta ocasión

Oye criticón, no critiques más
espera a salir del huevo para poder criticar

Tú eres como la vecina
la vecina Encarnación
Puso un pollo en la candela
y se le apagó el fogón

No te las des tú de gallo
que estás en el cascarón
Deja que te abran la puerta
y llegarás al portón

No por mucho madrugar
amanece más temprano
Oye bien este refrán
no ponga huevos, mi hermano.

Y, a continuación, En Puerto Azul, un bolero muy lento, muy suave, acogedor, que es antesala a otro de los temas pachangosos del disco: No sueñes despierto. Le sigue Si mi corazón pudiera, otro bolero muy hermoso, que es la antesala de El Trompo y Charanga con bossa nova (el nuevo ritmo), de la que conseguí en youtube una grabación realizada en otra edición de los carnavales caraqueños -con la orquesta de Mario Ortiz y con Elliot Romero haciendo la segunda voz. Y luego -adivinen- otro bolero más: cuando estés sola. Cierra el disco con El piragüero, un chachachá con un solo de trompeta de Víctor Paz, corto pero muy efectivo.

César Miguel Rondón, en su Libro de la salsa, asegura que, a los pocos meses de su presentación en los carnavales, Tito regresaba a Venezuela para realizar unos conciertos -presumiblemente en el hotel Tamanaco- y es allí donde tomaba la decisión de disolver su orquesta. Fueron varios los motivos que le obligaron a dar ese paso: la crisis que estaba viviendo la moda de la pachanga en Nueva York (que Tito supo verla venir) hacía difícil la supervivencia de una orquesta con tantos músicos; el tsunami del rock proveniente de Inglaterra, con The Beatles en la cresta de la ola aupados por una estrategia publicitaria como nunca antes se había visto en el mundo, formó una contracultura que rebosó los límites estrictamente musicales. A su vez, como consecuencia de la crisis de los misiles y el bloqueo económico a la isla, los dueños de las casas disqueras decidieron borrar de un plumazo la música cubana y esta fue convertida de la noche a la mañana en anatema por los grandes conglomerados de la comunicación. El cierre a cal y canto de todo lo que viniese de esa Cuba que se declaraba comunista -incluyendo la promoción de su música- fue suplantado rápidamente con un creciente gusto por la bossa nova, esa nueva música exótica que se convertiría -gracias a quienes marcaban las tendencias- en el nuevo ritmo de moda.
Rondón considera que el bolero no podía ser suplantado pues servía, de hecho, como contrapunto necesario a las canciones de rock 'n' roll que todos empezarían a repetir desaforadamente, aunque no supiesen qué decían las letras. Tito intuyó el cambio y se sumergió en ese nicho, para publicar una serie de discos de boleros que le permitieron mantenerse a flote en ese marasmo musical que siguió a continuación. De allí la profusión de boleros en este álbum.
Las cosas no volverían a ser como antes, las big bands latinas morirían sin remedio, la pachanga cantaría su QEPD en Nueva York -gracias en parte al cierre del Palladium, tal y como he dicho en anteriores posts- y, por todo esto, ese marasmo daría paso a un nuevo género que nacería pocos años después: la salsa.


Ha sido tarea complicadísima encontrar los temas de este disco en youtube, que es de donde me nutro para que puedan escuchar las canciones de las que hablo. Al menos el disco está en Spotify y en Rhapsody. Vale la pena escucharlo porque reúne las dos facetas más importantes de Tito: la del pachanguero y la del bolerista.

8 comentarios :

  1. Hay que esperar al pana Carlos Hernández y mande el link correspondiente... jejejeje. Ahora, en serio, las grabaciones de Tito en el Palladium son joyitas de verdad... Una música que siempre me pregunté porqué desapareció como de súbito. Ya me respondiste esa duda jicosa...

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  2. Como suele suceder, al final estos cambios se deben menos a situaciones estrictamente musicales que a las influencias externas (políticas, económicas, sociales). De todas formas, sino hubiese sucedido esta seguidilla de eventos, muy posiblemente no se habría podido comenzar a desarrollar el fenómeno salsero.

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  3. Exactamente. Lo interesante de esto, fue que este sonido para nada era malo o demodé. Pero nada, las evoluciones musicales son así... (Por cierto, estoy a punto de pillar el disco, cuando consiga el link correcto, le ganaré al gordo! jejeje)

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  4. Otra Curiosidad Julio, la letra de la Pollera Colorá es muy diferente a su versión original, ¿por llevarla a pachanga? ¿o por derechos de autor?.. El error llegó a la versión de La Sonora Ponceña. La canción es la carta de presentación de Colombia equivalente al Manicero o al Lamento Borincano. Fue compuesta en 1960 y grabada en el 61.

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  5. Incomparable y Majestuosa Orquesta!!!!

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  6. Una curiosidad de la carátula del disco de Puerto Azul. Cuenta el profesor José Julián Álvarez que Tito Rodríguez era muy estricto con los miembros de su orquesta, no solo en términos musicales, sino también en la disciplina, puntualidad, apariencia física, etc.
    El día que los citaron para tomar la foto para la carátula de este disco, uno de los músicos llegó a último momento y con la chaqueta equivocada. Inmediatamente, se movilizaron los compañeros para ayudarlo y evitarle un disgusto con el jefe. En minutos, apareció la vestimenta correcta, cada uno ocupó su lugar y se logró la espectacular foto.
    De lo que no se dieron cuenta fue que la foto sería una panorámica. Si miran bien la carátula, pueden ver la chaqueta roja del susodicho, colgando de un árbol, a la extrema derecha de la foto.

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Cómo se llama la cantante del grupo de Tito Rodriguez?

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