jueves, 17 de febrero de 2011

No me critiques, esta es mi forma de cantar

La Típica '73 en sus comienzos.
En la última entrada de este blog, que hablaba de Ray Barretto, comenté que su banda había sufrido una excisión pocos meses después de haber grabado Que viva la música. Me faltó decir en ese momento -mea culpa- que los músicos que habían decidido formar tienda aparte: el cantante Adalberto Santiago, el tumbador Johnny Rodríguez Jr., el timbalero Orestes Vilató, el bajista Dave Pérez y el trompetista René Lopez, se habían reunido con el estupendo pianista y arreglista Sonny Bravo, el trompetista italiano Joseph Mannozzi, el importantísimo trombonista dominicano Leopoldo Pineda (considerado a la par de Barry Rogers, que no es poco) y (posteriormente) el tresero Nelson González, para conformar una de las orquestas más innovadoras y sin complejos de toda la expresión latina de Nueva York: la ·Típica '73·. Una banda que decidió sumergirse en la onda cubana, pero no la que había sonado desde los años 50 (y que estaba siendo expoliada, sin mayores cambios, por el monopolio Fania), sino la que se estaba saboreando en este momento en la isla... a pesar del embargo.
¿El resultado? Estupendo: un sonido maravilloso, muy pulido, con unos coros afinadísimos como no se escuchaban desde los tiempos del Palladium Ballroom, y unas influencias que, como se verá sobre todo en su tercer disco publicado en 1975: La candela, vienen de la Cuba contemporánea, vienen de esa fusión entre jazz y son que estaban pariendo los músicos de La Habana en esas mismas fechas, vienen del songo y, más aún, vienen y van de la mano de Los Van Van, uno de esos grupos cubanos que llegó a ser más listo que los hermanitos Castro y, ante la exigencia del régimen de crear una nueva música -dejando atrás, bien atrás, toda esa maravilla de son y guaguancó que se había orquestado antes de su irrupción en el poder-, decidieron fusionar diferentes estilos, modernizar todo lo tocado y crear nuevas melodías, capaces incluso de influenciar a lo que estaba sonando Nueva York.
Bien chévere, pues.
Por supuesto, toda esa sonoridad fue adaptada a la realidad salsosa que imperaba; el trombón es el ejemplo patente. De lo contrario, sus esfuerzos habrían pasado por debajo de la mesa.

De principio a fin el álbum tiene buena música. Canuto y Los santeros son la continuación del sonido Típica que tenían ya dos años experimentando, pero con El jamaiquino y La escoba barrendera dan a entender que otra sonoridad estaba seduciéndoles: la Onda Areíto. Al punto que, como estrella invitada, aparece Angel cachete González tocando el iyá (el mayor de los tres tambores batá), que sirve casi como declaración de intenciones para lo que se quería transmitir.
Uno de los temas maravillosos de este disco es No me critiques, suerte de descarga-respuesta-a-cualquier-crítica-recibida-o-por-recibir-debido-a-este-sonido-diferente, un poco hartitos que estaban ellos -y con razón- de la poca creatividad que estaba empezando a acusar el boom de la salsa de la segunda mitad de los 70:

No me critiques, esta es mi forma de cantar
este es mi nuevo son que todos quieren bailar.
Ya mis abuelos lo bailaron en una ocasión
y mi mamá con mi papá.
No me critiques, esta es mi forma de cantar
este es mi nuevo son que todos quieren bailar.
Cuando lo bailes tú sentirás que no hay cansancio ni dolor
con nuestro son.
No me critiques, esta es mi forma de cantar
este es mi nuevo son que todos quieren bailar.
Con tu pareja lo bailarás y sentirás que no hay otro mejor
como mi son.
No me critiques, esta es mi forma de cantar
este es mi nuevo son que todos quieren bailar.
Cuando la fiesta tú crees que va a terminar coge el montuno
para guarachar.

Como remate a estas letras, ese montuno acoge una descarga de metales poderosísima entre trompetas y trombones. De tal calibre, que cuando la escuches te obligará a repetirla: el trombón echa el resto en un soberano solo que pone los pelos de punta, mientras el coro -un instrumento más- repite con insistencia un no que hace juego con Pineda, como queriéndole decir: no pares, sigue adelante, por favor.
Es un momento mágico dentro de toda la grabación.
El cierre se hace con La candela, de Juan Formell (director de Los Van Van), y es allí donde la nueva sonoridad cubana se expresa con propiedad. El arreglo es sabroso, inteligente, con un punto de jazz muy sofisticado, un solo de pailas de Vilató que podría arrasar literalmente con todo lo que hay de pie en el mundo, y un toque a charanga -moderna, que dirían en Cuba- que va de la mano con la expresión final plasmada en este disco, importantísimo como ejemplo claro de las cosas buenas que se estaban cocinando de aquellas en Nueva York.


Sorry, guys, pero el disco no está en Rhapsody ni en Spotify. Puede escucharse, ¡menos mal!, en Grooveshark. (algo es algo)

4 comentarios :

  1. otro para bajar, tengo algunas canciones sueltas de la Tipica 73 con Adalberto Santiago en una recopilacion que hizo Fernando Sanchez,(Fersan) un colega fotografo,que aunque todo el mundo conoce como fotografo de sucesos,es un cultor de salsa tremendo, que fotografio a muchos buenos salseros,justo en esa epoca en Nueva York y Puerto Rico, para una revista llamada Swing Latino, que dirigia y escribia Angel Mendez.

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  2. Qué éxito la rockola!!! Gracias, Juanchín. Sin ti el invierno boreal sería insoportable.

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  3. Tengo el Ares congestionado con tanta vaina!!! Y es por tu culpa...

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  4. I love it, when you see the history of the band, and their music that is still playing a role in people's life, all you have to do is just listen to music

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