lunes, 14 de febrero de 2011

Nuestra música siempre vivirá

Que viva la música criolla
La música es el arte de expresar con emoción
los sentimientos sinceros del corazón
Por eso digo con gran orgullo
Pero que viva la música

No, no es parte de un himno, aunque lo parezca. Es un guaguancó que compuso el trompetista cubano Roberto Rodríguez y que abre uno de los discos más preciados del género: Que viva la música, del percusionista ·Ray Barretto·. Un álbum que marcó un pico en la expresión salsosa producida en Nueva York, pues acoge el sonido que estaban marcando las tendencias musicales que pululaban desde hacía varios años en el ambiente musical neoyorquino, además de representar un hito en la experimentación que este nuyorican estaba llevando a cabo desde los años 50. Y no solo por el tema que abre el disco, que con gran fanfarria hace honores a toda la música de la cuenca del Caribe y la eleva a estados casi pletóricos, sino por la combinación de algún viejo son cubano, un bolero que siempre se encaja con gusto y esa descarga de gran aliento que se llama Cocinando, uno de los temas de jazz más sabrosos que se han interpretado jamás.
Raymond, En plena descarga
Con el paso de los años, Barretto había logrado edificar una orquesta muy bien aceitada, compuesta por virtuosos de la talla de Orestes Vilató en los timbales, Luis Cruz en el bajo, Roberto Rodríguez, René López y Joseph Roman en las trompetas, John Rodríguez en los bongós y el gran Adalberto Santiago como solista. Lastimosamente, buena parte de la banda se separó poco después de publicado este disco en 1972, por lo que esta grabación sirve, además, como testimonio final. Además de los dos temas mencionados, está incluida una excelente versión de la Bruca Maniguá de Arsenio Rodríguez, y un canto yoruba, Alafia Cumayé.

Una de las principales características de esta producción es la libertad interpretativa de la orquesta. Barretto era percusionista y por eso sabía bien la importancia que tenía para muchos músicos el poder expresarse libremente en mitad del montuno. Por eso permite que los suyos puedan dar vía libre a sus sensaciones y logra que el disco termine sonando casi como un directo. El solo de las pailas de Vilató en la guaracha La pelota es antológico, sin duda, y el coro en Que viva la música, que dice: nuestra música siempre vivirá es premonitorio: pasan los años y todas estas canciones y estas descargas se mantienen frescas, pertinentes.
Con una salud de hierro.

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Debo confesar que a Barretto lo tenía arrumbado por un viejo disgusto. Esos tropiezos que pasan de vez en cuando. A mediados de los 90, justo cuando estaba profundizando más en su discografía, estando de viaje en Nueva York me enteré que iba a presentarse en el Blue Note del Greenwich; no perdí la oportunidad de verlo. El hombre ya había dejado atrás por completo la salsa y estaba enfrascado en su para entonces nuevo grupo de jazz: New World Spirit; el concierto estuvo estupendo, íntimo pero como mucho sabor.
Cuando terminó de tocar me crucé con él para saludarle y felicitarle por la presentación y, como respuesta, obtuve un ácido desdén y una contestación con malas maneras. No recuerdo exactamente qué me respondió, pero sonó más o menos a un "apártate del medio y déjame en paz". Desconozco si fue que se le había roto el cuero del quinto en mitad de un tema o uno de sus músicos había estado disonante, o simplemente había tenido un mal día, pero su actitud generó un rechazo que me hizo prácticamente ignorar sus discos durante años -hasta hace pocos días, confieso, cuando volví a tropezarme con ellos- y llegar a la conclusión de que a los músicos y artistas que más admiras casi es mejor no conocerlos, no vaya a ser que terminen siendo personas con sus días malos -o unos idiotas redomados, que los hay- y no esos semidioses perfectos que tú imaginas pueden ser.

4 comentarios :

  1. Vaya cierre!, yo hubiese hecho lo mismo, es que ni vuelvo a desempolvarlo, pero es verdad, son seres humanos y también tienen sus días, el caso es que no todos tienen el privilegio de controlarse y pensar que son quienes son gracias a gente como tú, como yo, como cada fanático que los ha llevado a estar donde está y que además hoy uno de ellos (que le tocó verle el lado amargo al Don) le dedique un post.
    Besos primito.

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  2. ¡Ah, el manos duras Barreto! Tremendo trabuco el del disco que reseñaste. Pero tienes razón en la conclusión del posting: mejor quedarse con el arte y no hurgar más de la cuenta en quien lo hace. Si habremos aprendido tú y yo la lección en nuestros días en Monteávila... Te mando pasiones, Juancho querido. --Gisela

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  3. Estoy de acuerdo en lo ultimo,en que mejor no conocer al ídolo,mas allá de lo que te gusta de el,que es su arte. Pero estoy lejos de creer que los artistas son quienes son gracias a gente como nosotros, a los que somos sus fanáticos ...son quienes son gracias a lo que hacen,gracias al don que tienen...esa discusión la tengo cada vez que voy a un concierto a fotografiar a un artista, con mis colegas que piensan que los tipos son lo que son gracias a los fotógrafos y periodistas...

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  4. Estupendo....Felicitaciones, también soy fan del ¡Rey de las manos duras! Abrazos y gracias por este hermoso trabajo G

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