lunes, 7 de febrero de 2011

La juventud está diciendo: gente vieja, estoy ardiendo

En aquellas sabrosas fiestas que hacíamos las huestes periodísticas en Caracas cuando estábamos desocupados, el pana Máximo Peña y yo -los pinchadiscos oficiosos- nos enzarzábamos siempre en un mano a mano musical: un pique súper cordial (pero no exento de malicia) que consistía en conseguir la mayor cantidad de bailadores simultáneos. Y esto solo se lograba metiendo de repente algún temazo que volara los tapones de la gente, o alguna canción desconocida que dejase al otro, literalmente, con los ojos claros y sin vista. A Máximo siempre lo agarraba fuera de base con el Culu-Cucú (porque yo no tenía escrúpulos, lo reconozco) y él me pillaba las manos con La cartera de Larry Harlow (porque él tenía una grabación de mejor calidad que la mía y la ponía, no sé cómo coño hacía, en un momento que luego resultaba fundamental para el bonche).
Miguelito Quintana
Pero uno de los temas que garantizaba una mejor estima de los bailadores -mientras mi contrincante me torcía los ojos- está incluido en esta pequeña joya fuera de catálogo: el primer disco de la orquesta La Conspiración, banda sin trombones de una gran frescura, malandra con ilusiones subversivas, extraída de lo más profundo del gueto latino neoyorquino y dirigida por Ernesto Agosto, un personaje de gran tumusa, casi desconocido, que tiene mis mayores estimas por su honestidad conceptual y los bríos con los que quiso montar su rumba consciente y con mucho sabor.

Producido por Willie Colón (que aunque tenía apenas 21 años ya se daba el lujo de apadrinar nuevos grupos), este primer disco de La Conspiración, publicado en 1971, reúne una esfera de músicos que incluye a Agosto en la primera trompeta, Nelson Sánchez en el piano, George Gentile en la segunda trompeta, Gilberto Rodríguez en los timbales, Papo Sierra en las congas, Marty Galagarza en los bongós y en la voz Miguelito Quintana, un experimentado sonero que supo, a pesar de su edad, transmitir el vigor y la energía necesarias a una orquesta tan púber. En los coros están el mismo Willie, Justo Betancourt, Adalberto Santiago y Héctor Lavoe.
Aunque sonoramente se embarcaría dentro del ámbito de lo típico y la ausencia de trombones remarcaba esa idea, las letras de las canciones van a mano entre los desplantes amorosos (con líricas que se verían muy poco políticamente correctas en nuestros días), la postura política y la protesta social. El slang del barrio está presente de forma permanente y hay mucho espanglish, con resultados que podrán verse curiosos a la luz de hoy, pero que en su momento intuían la imperiosa necesidad que tenían ellos de dar a conocer su mensaje y hacerse entender, primero que nada, por los suyos.
Una de las canciones más características de este álbum es La Voz, en la que canta el despertar de los jóvenes como fuerza capaz de derrotar al stablishment, imagínense. No hay que olvidar que en esos años resonaban los ecos de Woodstock, los derechos civiles, los Young Lords y la petición -mejor dicho: exigencia- de un mundo mejor. En mi post anterior sobre el disco Justicia hablo un poco más de esa atmósfera.

Mira, ya se formó en el barrio lindas ideas
La juventud de este pueblo no está durmiendo
Debajo de la tierra se oye la voz.
Oye, óyelo bien, camará
Este Establecimiento se va a destruir
Porque está perjudicando nuestro porvenir
Y esa grosería no se va a aguantar.
Oye, sajún y pana y niche, dame tus manos para vencer
La voluntad de este pueblo sobresale
Sabe que un día es del hombre y por fin yo lo consiento.
Esta es la voz de la juventud

Algunas de estas canciones, de hecho, no fueron bien recibidas por las autoridades de varios países del área del Caribe, y se conoce algún caso de censura en Venezuela (César Miguel Rondón cuenta haberla sufrido en carne propia) pues, era "música que incita al a subversión política". De nuevo, imagínense. Debe ser difícil iniciar una revolución a ritmo de salsa.

A todas estas, el lector estará pensando que la falta de escrúpulos me había hecho capaz de meter canciones con letras inflamadas en medio de una fiesta por demás inofensiva. Que va. La canción de este disco que utilizaba es Oriza, un temazo muy pegajoso y de fácil baile, con tres momentos de bajón, luego piano y trompeta cubana, y luego un subidón que ponía esa pista al máximo... y el Máximo torciéndome los ojos.
Buenos tiempos aquellos.

No, el disco no está disponible en Spotify ni en Rhapsody, pero seguro lo consiguen por ahí... arrinconado en alguna discotienda. 

14 comentarios :

  1. Qué buena canción Juan Ignacio. No la había escuchado.
    “La voz de la juventud de este pueblo no está durmiendo, debajo de la tierra se oye la voz…” ¡Me gusta, me gusta!
    Gracias Juan Ignacio

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  2. ¡Por fin tuve un chancecito de leer tu blog, Juancho. Cómo se nota que estás disfrutando escribir de salsa. Los textos tienen tanto saboco como el sujeto sobre el que giran. No debo ser la primera que te digo esto, pero se agradecen sobremanera los enlaces a los video/audio clips que entretejes en la narración. Gracias por componerme el día, mi amadísimo --Gisela

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  3. otro cd que ya me estoy descargando, y recuerdo haber ido a un par de fiestas en tu casa, pero como no soy bailaor seguro que me oi las canciones por ahi rescostao,trago en mano como debe ser.

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  4. Juan, por cierto,siempre llegue a tus fiestas de la mano de Gisela y Jose...Y otra cosa,luego de leerte ,ajuro me estoy descargando la musica a medida que las vas posteando.Se te agradece de nuevo por ampliar mis horizontes en la salsa...

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  5. Gracias a mis queridos Linda, Giselita y Carlos por sus comentarios. Como he dicho y no me canso de repetir: estoy gozando una bola con este blog. Apenas termino una entrada ya estoy pensando sobre cuál disco hablar en la próxima. Y respuestas como las de ustedes me dan todavía más ganas de seguirlo escribiendo. Besos y abrazos! :)

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  6. Hola Juan, soy Máximo. Coño, qué pieza, la Magdalena, de la Conspiración –así se llama mi mamá, Magdalena-. Como mi nombre apareció en tu blog y yo soy quien lo llevo –el nombre, no el blog- quería decir dos o tres cosas en nombre de la Justicia por la que clamaban aquellos músicos en sus rumbas conscientes (¡las de nosotros juro que no lo eran!).
    Gracias por llamarme pinchadiscos, eres muy gentil, pero mi categoría era la de ponedor de casetes. La infausta noche en que pusiste el Culucucú, yo estaba merodeando entre tus cds, viendo si encontraba entre lo tuyo algo con que salvar la noche, cuando dejaste sonar a la Magdalena de La Conspiración –en ese momento yo no sabía cómo se llamaba la banda ni el título de la canción, ahora tampoco, me enteré leyendo tu blog, gracias-. Yo, que estaba medioborracho, me metí en un grupo de gente y comencé a contarles el cuento, que algunos han oído antes, de que mi mamá en realidad no se llama Magdalena. La gente, huyendo de mí, se fue a la pista a bailar cuando pusiste el Culucucú. Ese es el origen de tu victoria de aquella noche.
    Pero hay otros detalles que contar. Viéndome derrotado una noche más por ti –eso quedó bastante maricón, como lo de que yo te torcía los ojos- caminé instintivamente hacia uno de los refugios del borracho: el baño. Los otros son el balcón y la ventana de la cocina. En el baño, al abrir la puerta de un escusado, un amigo común al que la novia había abandonado, tirado en el suelo, entre el vómito, cantaba la canción de la Magdalena:

    Y ella me abandonó
    disminuyendo en mi jardin
    una linda flor…
    Yo que era feliz
    ahora sé que es el dolor…
    Magdalena
    sin ti me muero
    nena…

    Salí del baño dispuesto a dar la batalla. Después de rebuscar en la caja de zapatos donde guardaba mis casetes, cogí uno que ponía a bolígrafo, en grandes letras torcidas, SALSA 5.
    Dices lo cierto: puse La Cartera de Larry Harlow, pero te equivocas en algo: mi grabación no era de mejor calidad que la tuya. ¡Era igual que la tuya, porque me la copie de ti! Fue una noche de fiesta de periodistas. Tú habías puesto la música. Era ya de madrugada. Yo te daba la cola en mi carro hacia tu casa, cuando me pediste que me desviara del camino. Te ibas a seguir la noche en un bar. El lunes me llevas los discos al trabajo, me dijiste antes de bajarte del carro, en Chacaito, junto a las camionetas de los colombianos que a esa hora cargaban pasajeros rumbo a Cúcuta.
    Me pasé el domingo grabando casetes con tus cds de Salsa. Dicen que ese fue tu final en las fiestas de Caracas. Nunca he creído que esa sea la razón por la que te marchaste a Madrid.
    Sólo una cosa más: no alabo tu blog porque no lo necesita: se alaba solo. Salsa como dios baila.
    Un abrazo Juan.

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  7. ¡Este ha sido el mejor derecho a réplica que se ha escrito jamás! :)

    Va mos por par tes:
    ¿Fue entonces con Magdalena y no con Oriza la cuestión? Es posible, y trataré este tema cuando hable de ese disco -qué será pronto-, porque me bailan los recuerdos, y seguro que también a ti te bailan, Máximo. Me explico: tú tenías una mejor versión de La Cartera porque la grabaste de un CD (que no era mío), cuando yo todavía tenía el vinilo que, gracias a los controles de calidad de el Palacio de la Música, había salido sordo, con poco brillo. Y fue con esa canción que me diste un palazo en aquella fiesta que hicimos por los pagos de Los Chaguaramos, si mal no recuerdo, en una especie de salón de fiesta. La del Culu-Cucú fue otra, no recuerdo cuál pero no fue la misma.
    Aunque, claro, cómo puede uno recordar con rectitud estas cosas si, como bien afirmas, nuestras rumbas no eran nada conscientes. De milagro estamos contando estas historias 12 o 13 años después.
    Tendríamos que sentarnos un día los dos a rememorar bien todo para llegar a un hilo conductor que nos permite contar las cosas como sucedieron. Es que en incluso la torcedera de ojos me salió casi como recurso literario, porque hacías un gesto con la cara cada vez que te metía un strike, pero no recuerdo con exactitud cuál.

    ¡Cuántas cervezas teníamos encima para ese entonces, hermano! :)

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  8. Ah, y lo de pinchadiscos lo sostengo. No es gentileza, es la pura realidad. El soporte de la música es lo de menos: la combinación de las canciones es lo de más. Y a mí me dejabas también en bastantes ocasiones con los ojos claros y sin vista, rebuscando sin piedad en mis discos -y mi autoestima- para tratar de sobrellevar el palazo que me acababas de dar por la cabeza con un temazo, jajaja

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  9. Juan, lo dicho.... Me encanta!! En que buen momento te llegó la inspiración y la entrega... Me encanta el comment de Max... lo disfruté muchísimo..

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  10. Gracias, Robby. Estoy disfrutando mucho escribiendo todo esto. Espero no perder la ilusión. :)

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  11. Querido Juanito,
    Gracias por tu blog. Qué gran aporte.
    ¿Esa fiesta no fue en el salón de fiestas de Vicky-José-Petra Pulido? Si es así, estuve allí. No recuerdo con esa precisión las canciones que ponían, pero sí recuerdo el pique, muy nutritivo para las bailantas que armábamos en la pista. Por favor, espérenme: no se sienten a atar los cabos de sus memorias de esas rumbas todavía, que quiero ser testigo de esa conversación.
    Los quiero con tó, con sabrosura salsosa,

    Sandra

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  12. Prometido, Sandrita.
    cuando lleguen haremos una reunión aquí en casa, para escuchar salsa y conversar sobre esas fiestas. Tal vez de esta forma Máximo y este que está aquí logremos poner en blanco sobre negro la crónica de esos encuentros. Será de antología. :)

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  13. "La juventud de este pueblo no está durmiendo
    Debajo de la tierra se oye la voz.
    Oye, óyelo bien, camará
    Este Establecimiento se va a destruir"
    Para Mí que en el mundo árabe los chamos ya oyen salsa....ojalá la batuqueada nos llegue todos..besos Xoan.

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  14. Excelente remember de un grupo que debe ser mejor revalorado en la historia de la salsa, gracias a la genialidad de Ernie Agosto. No olvides que otro tema subversivo era "Tengo poder". Y "Oriza" para mí es la tarjeta de presentación de Agosto en el mundo de la salsa setentera a partir de la mezcla de sonoridades anteriores, no solo la base rítmica salsosa y urbana:
    "Lo empezó Ricardo Rey tocando su jala jala
    luego vino Ray Rarretto tocando ritmo de ¿barra?
    y después Willie Colón tocando Che che colé
    Ahora viene La Conspiración tocando Oriza"
    Forma agresiva pero respetuosa de decir que ahora ellos son los nuevos, los que abanderan el joven movimiento salsero.
    Y llama la atención de este disco que se indique que se pude escuchar tanto en mono como en stereo. Creo que este disco y no el "Ernie´s Conspiracy" es el que los compradores de Fania debieron reeditar.
    Es casi un deber moral e histórico remasterizar por lo menos los cuatro primeros discos de esta irremplazable banda.
    Saludos
    Víctor Paredes
    Lima-Perú

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