viernes, 8 de abril de 2011

El rompecabezas de Bobby Valentín y Marvin Santiago

Siempre he pensado que ·Bobby Valentín· es un tipo inteligente. Sensato. Con las vainas claras. Así por lo menos ha ido llevando su vida desde chiquitito.
Les explico: en 1956, el hombre se fue con 15 años a vivir a Nueva York, con sus estudios de trompeta como única maleta, a buscarse la vida, como todos los que salen a los 15 años del hogar puertorriqueño para adentrarse en las fauces de esta ciudad y lo que eso conlleva. A los dos años ya estaba trabajando en la agrupación de Joe Quijano tocando y produciendo arreglos interesantes que mostraban su gusto por variar el típico sonido típico y forjar su propio carácter.
                                              Roberto Valentín en 2006                                                Jean-Luc Agatos
Siempre ha tenido ganas de experimentar.
Después, participa en las orquestas de Willie Rosario (que tenía residencia en el Club Caborrojeño), Charlie Palmieri, Tito Rodríguez y Ray Barretto, que no son poco. Pero no queda contento y, al tiempo, decide fundar su propia banda, con la que lanza en 1966 su primer disco, bajo el sello Fonseca Records. Poco después firma con Fania contratos por cinco años -inteligente, como les decía-, y comienza a labrarse un nombre dentro de la naciente musicalidad. Regresa a la isla en 1969 y se establece allí, tal vez huyendo de la competencia musical de Manhattan, tal vez anticipando que esa locura por la salsa terminaría muriendo en Nueva York y seguiría viva en Borinquén, como más o menos sucedió así.

Al año siguiente descubre que su verdadera pasión es el bajo cuando en un concierto en el hotel La Concha de San Juan le falla el bajista, lo reemplaza y siente que la orquesta suena diferente -tenía otro swing, otra dimensión y me gustó mucho, dijo en una ocasión, porque el bajo le da mucha profundidad a la música-, comenzando su reconocida trayectoria en ese instrumento, una producción musical muy solvente y, hombre de negocios al fin, un sello disquero propio, con el que sustituyó en 1975 su contrato con Fania.
A comienzos de los 70 su orquesta amaneció sin vocalista en dos ocasiones. La primera fue cuando Buba Morales decidía quedarse viviendo en Nueva York; y la segunda, cuando Frankie Hernández, ese cantante de voz melancólica que había contratado como sustituto, dejaba el grupo para empezar un tratamiento contra su adicción a las drogas. Valentín decide entonces contratar a un personaje curioso, bien de barrio, con uno de los fraseos más alucinantes que haya parido el soneo caribeño: ·Marvin Santiago·, que venía de cantar para la orquesta de Rafael Cortijo. Tanto le gustó a Valentín la forma en la que Marvin afrontaba el montuno que incluso cambió el diseño de la estructura rítmica de la orquesta, para así acoplarlo a esa tesitura ronca.
La primera ocasión que grabaron juntos fue en el disco Rompecabezas (1971), muy importante aunque todavía esté descatalogado. Un álbum que cuenta con un sonido muy especial, que rememora las big bands de los 50, caracterizado por una potente fila de metales (Mike Torres y Melvin Sotomayor en las trompetas, Aldo Torres en el trombón, Juan Maldonado en el saxo tenor y Humberto Ramírez en el saxo barítono), muy dados todos al acento jazzista, junto a una potente estructura rítmica basada en los timbales de Oscar Colón, William Thompson en las congas, Héctor Faberile en el bongó y Larry Harlow como invitado en el vibraharp. Además de Paquito Guzmán, Cheo Feliciano e Ismael Miranda en los coros.
El del piano no se sabe quién es; no está en los créditos, pero es posible que sea Harlow.
Fue, además, grabado en los estudios Ochoa de San Juan, antes de que lo hiciesen otros que luego lo consideraban una cuestión de honor.
Y tampoco hoy voy a señalar a las PRAS.

Decía Rubén Blades que, cuando soneaba, Santiago era capaz de estacionar un camión Mack en el espacio donde no habría cabido un Volkswagen escarabajo. No se equivocaba. Paso de transcribir por completo uno de sus soneos, porque sin música no tiene sentido, pero invito a que escuchen atentamente esa virtud en Vete p' allá, un desplante muy propio de Marvin -aunque compuesta por Valentín-, que era un jibarito de cuidado; en El Matakán, una composición del Tite Curet; o en Pobre soy, un guanguancó bastante populista; o también en Papel de payaso, que no es más que otro desplante amoroso; o en Amolador, con ese resabio a vecindario y ropas colgando de los tendederos; o en Usted no me conoce. Pero sobre todo en Besos brujosIngratitudes, un lento son montuno, también del Tite, con una letra y arreglos estupendos

Jamás yo te comprendí
que tú me llegaste a odiar.
En cambio, yo a ti te quise
con todo mi corazón.
Falsa mujer hechicera
que con tu cariño me diste dolor.
Nunca podré yo en la vida cerrar esta herida 
que tu amor dejó.

Ingratitudes son lo que me causa dolor
ingratitudes son lo que tu amor me dejó

Y ese soneo magistral de Marvin Santiago.
Saltarán algunos a decir que magistral mucho, sí, pero que machista más. Y no les quito razón. De este asunto se ha hablado hasta la saciedad; incluso algunos de sus soneos ya eran mal vistos bajo la óptica de esa época. Pero no olviden tampoco de cuál realidad provenía toda esa música -y el mismo Santiago-: del barrio, del gueto que marca el arrabal -incluso quizás peor en Puerto Rico que en NYC-, donde las formas dulces no suelen tener cabida ni están lo suficientemente refinadas como para que puedan ser potables ante un público más culto. Eso que puede sonar a residuo, a niche, es una de las esencias de la salsa y en donde basa todo su carácter urbano. Y por eso, porque es la fotografía de un momento musical, resulta imprescindible.

Se me queda en el aire la inteligencia de Valentín: sigue en activo, con su orquesta bien aceitada y dando conciertos; jamás tuvo conflictos con Fania y sigue formando parte de las All Stars. Santiago fue expulsado de la orquesta en 1976 por problemas de impuntualidad debido a las drogas, estuvo preso en los años 80 por tráfico de cocaína, renació cristiano, perdió completamente su voz y murió en 2004 por problemas derivados de su diabetes del tipo I.

Sí, chicos, lo siento. No está en Spotify ni en Rhapsody. Los nuevos dueños de estas grabaciones no la han catalogado ni remasterizado, pero aún se consigue en esas tiendas de internet... y en los caminos verdes.

Ah, Valentín también es diabético del tipo I. Desde muy joven.

11 comentarios :

  1. Xoan muy buen disco,pero en mi humilde opinion considero q los dos primeros discos del bobby con cano estremera estan un punto mas alto,marcando claramente un antes y un despues en la musica del bobby

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  2. Eterno dilema: ¿Marvin o El Cano? acompañando a Valentín

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    Respuestas
    1. Para mí, Marvin.
      Cano no me termina de convencer, no me gusta su voz. Y, ojo, no niego sus virtudes, es solo que no me mueven.

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    2. Totalmente de acuerdo, Marvin es insuperable. A diferencia del Cano no se paraba vanagloriando de que venía de un barrio bravo y podía revolcar a cualquiera. Marvin era humilde y uno de los pocos que expresaba en escena la manera cómo cualquier persona del barrio se manejaba en su vida cotidiana.
      Mira este video: http://www.youtube.com/watch?v=q2jdB1-t0J0
      Y dime si el tipo no es un showman. Y hay una parte en que Bobby Valentin se presta para el juego de doble sentido de Marvin y hasta lo mira como un padre cariñoso y orgulloso de un hijo que es impredecible e inmanejable. Y Marvin es uno de los poquísimos soneros al que he escuchado cantar sus canciones con fraseos, soneos y estribillos totalmente diferentes cada vez. Marvin hacía de cada tema conocido una experiencia nueva y maravillosa. Lavoe NO hacía eso. Por eso Marvin es el verdadero sonero del pueblo.
      Saludos
      Víctor Paredes
      Lima-Perú

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    3. Claro, esto será como entrar en la eterna discusión de quién es mejor. Pero sin duda, no puedo esta de acuerdo contigo en lo que dices de Héctor. El tipo hacía de cada concierto una nueva experiencia, a pesar que en muchos de ellos tenía el mismo repertorio (o muy parecido)

      No hay punto de comparación entre cada presentación, porque era un verdadero mago en la improvisación, le salía sin esfuerzo, casi que sin proponérselo. En eso radica su maravillas, su gracia, su Don, su magestuosidad. NADIE COMO ÉL. Un saludo. FILOMENA

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  3. El Grifo del Residencial Nemesio R. Canales es punto y aparte, pues como dice Victor Paredes más arriba, que Marvin no repetí el mismo soneo. Y no porque sea mi Soneto favoriro, pero Marvin era Marvin R. I. P. El Cano tiene lo,suyo pero el título de El Dueño del Soneo le queda grande. Dice muchos disparate y a veces se sale de tiempo. Y sin añadimos su vocabulario soez no vale la pena pagar para verlo cantando. Marvin por mucho

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  4. En la historia de la salsa marvin fue y seguira siendo piesa clave en la historia de la salsa

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  5. En la historia de la salsa marvin fue y seguira siendo piesa clave en la historia de la salsa

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  6. En la historia de la salsa marvin fue y seguira siendo piesa clave en la historia de la salsa

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