miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sock it to me, Joe!

A mediados del año 2000, me parece, fui invitado a una reunión en un bar con aire de irish pub que estaba ubicado en una de las esquinas de Canal St. en su cruce con Broadway, a tiro de piedra de las oficinas de la página web en la que trabajaba. Creo que era el cumpleaños del amigo de un conocido mío, pero no los voy a agobiar con detalles que no interesan. Al bar se llegaba por una escalera de madera, estrecha y empinada. Arriba, las lámparas alumbraban cada una de las mesas haciendo sombra en el resto, el humo del cigarrillo -aún se podía fumar- teñía la atmósfera y escondía entre el smog a las dos mesas de billar. Había varios corros de muchachos, todos de aspecto alternativo. De ese alternativo que solo se ve en Nueva York: mezcla entre rockero, hippie y grunge, pero a la vez con un toque de refinación. O por lo menos así parecía ser todo a comienzos de milenio.
Había también un dj repartiendo música de los años 60: soul de la Motown, rock 'n' roll británico y otras voces deliciosas.
                                                                        Joe Cuba, el de la derecha                                            (Codigo Music)
De repente comenzó a sonar un boogaloo que alertó mis orejas. Por instinto empecé a seguir el tumbao con la cadera, poniendo cara de ¡ja!, este tema me lo sé, y ustedes no, gringolocos. Para mi sorpresa, los gringolocos también comenzó a moverse al ritmo de la clave, como si hubiesen estado bailando esa música toda la vida.
Me acerqué al boot del dj para comprobar lo que estaba escuchando y vi, lo recuerdo clarito, un disco de 7'' en el tocadisco. Vencí el vértigo del título dando vueltas y pude comprobarlo: Bang! Bang!, de The Joe Cuba Sextet. Volví a ver a la gente, todos se vacilaban el tema. Era obvio que a ellos les sonaba conocida: la canción fue grabada en 1966 en la ciudad, fue un éxito enooorme a nivel nacional en Estados Unidos, estuvo varias semanas en las listas de Billboard y, junto con Pete Rodríguez, Johnny Colón y Ricardo Ray, aportó esa sonoridad definitiva que marcó al boogaloo.
Pero esta canción fue fruto de una casualidad. Joe Cuba, de hecho, no estaba convencido de tocarla. Me explico, Joe había coqueteado desde siempre con las sonoridades del soul y el funk. Recuerden que él era nuyorican y Harlem había sido siempre su hábitat, así que la idea de mezclar tonos caribeños con otros estadounidenses no era ni extraña ni díscola ni aberrante. De la mano de Jimmy Sabater había probado suerte con números en inglés. Sin embargo, Bang! Bang! surgió a pesar de Joe Cuba.
La historia, además, tiene su punto:
Como suele pasar con estos episodios de la música, no existe una versión oficial, pero la mayoría de las voces coinciden en afirmar que Bang! Bang! fue parida a comienzos de 1966, cuando el sexteto estaba tocando en un baile en el Palm Gardens Ballroom de la calle 52, el mismo garito que posteriormente se llamaría Cheetah. El Palm era como una especie de medidor de popularidad: la gente que acudía al sitio era una mezcla muy heterogénea de latinos que venían del norte de la ciudad, negros que estaban comenzando a sentir placer con la música latina y bastantes blancos de Manhattan, a quienes les encantaba un lugar de esos para ir a macerarse en ron y en negritud.
El hecho es que el sexteto se estaba presentando allí, y los sets incluían temas de su última producción Estamos haciendo algo bien! El problema es que la gente no terminaba de romper el baile: ni el primer ni el segundo set convencieron al público. Sabater se acercó a Cuba y le dijo, palabras, palabras menos: tengo una idea para un numerito, Sonny. Si no funciona te pago un trago doble.
No era la primera vez que Jimmy le hacía la propuesta, pero esta vez Joe terminó cediendo, Total, el baile se daba por perdido. Sabater le pasó las indicaciones al pianista Nick Jiménez, que comenzó a tocar esos acordes que todo el mundo conoce y volteó la fiesta como un calcetín, mientras Cuba no salía de su asombro: la gente se soltó a bailar como nunca.

                                                                                      (reinaldo82.com)
La nueva sonoridad del boogaloo, ese camino que marcó la simplificación del son y la adopción sin vergüenza de variantes del soul, estaba cogiendo fuerza. En aquel momento había que aguzar el sentido de la oportunidad: eso o dejar que ganase la competencia. Joe Cuba vio posibilidades en esta sonoridad  y apostó por ella.
El sexteto de Cuba estaba en ese momento sufriendo cambios. Aunque su voz aparece todavía en los coros de Bang! Bang! y Push, Push, Push, Cheo Feliciano recién había abandonado la banda de la que formó parte durante ocho años para probar suerte como solista con varias orquestas, entre ellas la de Eddie Palmieri-. Esta senda aparte de Cheo tuvo en 1968 una parada forzosa que terminó con un ingreso en los Hogares Crea de Puerto Rico, para tratar su fuerte afición a la heroína.
Pero sigamos con Joe Cuba. Es muy probable que se metiera en el estudio a los pocos días a grabar los dos temas incluidos en el single que sacó Tico Records en la primavera. Este sencillo fue tan exitoso que fueron conminados a entrar otra vez al estudio para terminar de grabar un LP lo más pronto posible. El resultado fue lanzado al mercado en el verano del 66 y se llamó Wanted Dead or Alive, un disco que resumió con mucha precisión la confusión musical reinante que terminó formando un concubinato entre el son y el soul.
Bang! Bang! es un boogaloo que no tiene nada de especial, aunque la melodía se graba con rapidez en la mente. Ese es su secreto. Por eso corrió con suerte en las emisoras de radio y catalizó las ventas del álbum, que llegó a superar el millón de copias. El tema se escuchó en todo Estados Unidos, recibió mucha promoción en TV, llegó a la URSS (en palabras del propio Joe Cuba) y hasta gente como Dizzy Gillespie sacó un cover. Donna Summer, en la década siguiente, copiaría parte de la melodía para su Bad Girls, aunque no lo reconociera en los créditos.
Da igual. El disco fue producido por Pancho Cristal e incluye a Cuba en las congas, Jimmy Sabater en las pailas, Jules Cordero en el bajo, Jiménez en las teclas y Tommy Berríos en el vibráfono. Como Cheo participó en apenas un par de temas y hacía falta un solista, Joe contrató de nuevo al cantante Willie Torres, quien destacó cantando el bolero cha Mujer divina y una pieza lenta titulada Triste, ambos muy bien arreglados. Y no lo hizo nada mal en el son montuno Así soy y en Alafia, un guaguancó con reminiscencias yoruba que incluye un arreglo muy sabroso. Sabater afrontó La malanga brava y Que son uno. Del lado más estadounidense, Oh yeah, Sock it to Me y Push, Push, Push son tres boogaloos muy festivos, en la misma onda de Bang! Bang!, con un coro que incluye una voz femenina, muchos gritos y frases sencillas (If you want it come and get it!)  o con doble sentido (sock it to me!) y el uso de la pandereta para marcar el ritmo, así en plan Oh, yeah!
A cargo de la grabación estuvo el legendario Fred Weinberg, quien recuerda haber recibido una llamada del dueño de Tico, Morris Levy, para pedirle que sacara de la mezcla final a los niños que gritaban en la grabación. Weinberg le respondió que, la noche anterior, Cristal le había pedido un test pressing para enviarlo a varias emisoras de radio y que la canción estaba comenzando a pegar con mucha fuerza, por lo que era muy difícil volver a remezclarla. Fred debió habérsela pasado muy bien haciendo uso del botón panorámico, porque los coros van continuamente de un lado a otro del estéreo, acrecentando aún más ese tono festivo que marca todo el LP.
  ...de todo el LP excepto una canción: Cocinando, una sólida descarga en la que los músicos dejan a un lado los corsés del boogaloo para hacer música antillana de la buena. El resultado se sobrepone a modas, crossovers y pasitos de baile y demuestra el verdadero carácter del sexteto

Si quieres saborear lo que yo traigo
les juro que no se arrepentirán
traigo una receta exquisita
que yo sé que le va a gustar.

Bisté con su mojito para empezar
arroz con su chorizo probará
con unos guineítos con su bacalá
ensalada de aguacate y que no falte ná.

Y ahora presentamos a Joe Cuba
que con su ritmo sin igual va a cocinar

Esa libertad rítmica, esos acordes sacados de los instrumentos por puro placer de interpretarlos, un piano que se desborda, un vibráfono que se pasea por los predios del jazz y vuelve a la rumba, se escucha a un bajo (que es un contrabajo) ser tocado con un arco y la combinación de sentidos es estupenda; Joe hace de las suyas con las tumbadoras, Jimmy hace vibrar los timbales y Chivirico Dávila -que participó en la grabación apoyando las voces- presenta con guasa a cada uno de los músicos al momento en que van a adentrarse en la improvisación.
 Este disco, a pesar de la moda, a pesar de que la mitad de las canciones no tiene más contenido que un jingle de televisión, es imprescindible y notable: tiene una estupenda calidad musical, marcó una época, fue el primer éxito rotundo del boogaloo y puso al genial Joe Cuba en los altares de la expresión neoyorquina.

Entiendo que se decidiese repetir parte de algunas canciones, así en plan surprise! cuando terminase el fade out, para soliviantar la pista de baile. Pero usar el recurso en varios temas terminó aburriéndolo.

5 comentarios :

  1. ¡Tienes un buen gusto musical increíble! :) un saludo

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  2. Uau! Impresionante historia, qué ritmazo :)

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  3. Saludos, muy buena reseña de este disco que es sin duda uno de los mejores discos de Joe Cuba, sin menospreciar las otras producciones que haya realizado. Ahora, si no me equivoco el ingeniero de sonido fue Fred Weingber que estaba para esa época en las grabaciones de Tico y Alegre y era uno de los favoritos especialmente de La Lupe.

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  4. saludos amigo me gusto mucho su reseña, solo que a leguas se nota que el vocalista de "Que son uno" es también Willie Torres y no sabater, salsaludos!!!

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