miércoles, 8 de agosto de 2012

Cañonazo, el primer disco de Fania Records

Aunque esta historia se ha contado ya en numerosas ocasiones,
es conveniente retomarla de vez en cuando porque trata de la formación
del que en pocos años sería conocido como el monopolio Fania
y su primera grabación como sello disquero

Escribí en una ocasión que Al Santiago decidió en 1961 nombrar director de las Alegre All Stars a Charlie Palmieri, y no a Johnny Pacheco. Y que eso le había caído fatal al dominicano. Obvio: Pacheco y su charanga llegaron a generar el 50% de las ventas de Alegre Recording Corporation. Además, al flautista no le gustaba que Santiago tuviese menos ganas de darle solidez económica a su compañía que de producir grabaciones que generaban pérdidas, aunque algunas de ellas sean ahora joyas de la corona latina. Pacheco tampoco podía olvidar los más de 100.000 discos que vendió con su primera producción. Si hubiera sabido cómo hacer yo mismo el disco me habría quedado con todas las ganancias, comentó en una ocasión.
Johnny Pacheco
Por lo tanto, después del desaire el flautista juró no participar en las sucesivas jam sessions de Alegre y decidió cumplir escrupulosamente su contrato, dedicándose a sus discos, giras y toques. Hasta que un día le presentan a un tal Genaro Masucci y su vida cambió completamente.

Según la narración de los periodistas José Arteaga y Max Salazar, Johnny conoce por casualidad a Masucci, un ex policía que trabajaba como abogado en el bufete Pariser and Masucci, en una fiesta playera efectuada en el verano de 1963 en las costas de Long Island. Y congeniaron inmediatamente. Jerry tenía una gran pasión por la música antillana desde que había estado en los años 50 en Cuba residiendo como soldado en la base de Guantánamo. Allí había quedado fascinado con los ritmos cubanos y había aprendido a chapurrear el español. Fue en otro encuentro posterior, esta vez en el hotel Taft de Nueva York, cuando Jerry se enteró de que Johnny tenía una charanga de gran reputación. Pero ese día no hablaron de eso sino de los trámites de divorcio de Johnny, que había decidido contratar a Masucci como su abogado.
Con el paso del tiempo la relación se convertiría en una buena amistad. Masucci fue uno de los primeros en enterarse de la finalización del contrato de Johnny con Alegre Recording Corp. y de su deseo de montar una empresa disquera, para así no tener que depender de las decisiones de otros y, además, percibir un mayor porcentaje de ganancias. Por supuesto, también necesitaba dinero para hacer la inversión, unos 2.500 dólares.
Masucci le comentó que necesitaría asesoría legal y ambos convinieron en desarrollar la idea juntos: se dieron un apretón de manos y se embarcaron en la aventura. Al día siguiente, el propio Jerry se puso a averiguar personalmente precios de estudios, imprentas y planchadoras de discos de vinilo para enterarse mejor de cómo se batía el cobre en este negocio. Y pronto empezaron a negociar el préstamo.
Así, sin haberlo pensado mucho, nacía en esta unión un concubinato neoyorquino que uniría el sentido musical y promocional de Pacheco con la habilidad para hacer negocios y contactos de Masucci. No creo que ellos estuviesen conscientes en ese momento de lo lejos que iban a llegar, De que iban a alcanzar tanta trascendencia.
En realidad, nadie se lo imaginaba. 

A la par que definía la fundación de Fania Records, Johnny decidió también cambiar el concepto de su orquesta. Sintió los vientos de cambio )la moda de las charangas pasó a mejor vida cuando le quitaron al Palladium Ballroom en 1964 la licencia para vender licores, por lo que empezó a perder clientela en cantidades industriales) y se dio cuenta de lo poco rentable que podía ser una configuración instrumental que necesitara tantos músicos. Sobre todo violines. Por si fuera poco, no era sencillo conseguir violinistas de calidad en la ciudad: Pacheco aseguró en una entrevista que los buenos intérpretes -sobre todo los cubanos- solo querían tocar música clásica y, por tanto, aquellos disponibles eran de calidad deficiente. A modo de ejemplo, aseguró que una vez contrató a dos violinistas estadounidenses para un concierto en el Hollywood Terrace, y estos tocaron tan fuera de clave que no le quedó más remedio que mandarlos, derechitos, a sus respectivas casas. Además, él había recibido la oferta de tocar durante un año en el pabellón caribeño de la Feria Mundial de 1964 y le pareció un buen momento para cambiar de ritmo. Otro detalle más ayudó a facilitar ese cambio en la sonoridad: con Cuba cerrada a cal y canto por el bloqueo económico, no sería tan difícil hacer uso del songbook cubano sin esa engorrosa obligación de estar pagando derechos de autor.
Pacheco para esas cosas ha sido siempre muy listo y, si no me creen, saquen la cuenta de cuántos temas de Arsenio Rodríguez (que vivía en Nueva York) tocó durante esos años...
Fania Records LP-325
Retomemos el hilo: mientras Masucci se encargaba de darle forma a la nueva disquera, Pacheco conformaba su nuevo conjunto y se metía en el estudio de grabación para producir lo que sería conocido como el primer disco de Fania, el número 325 (por el cumpleaños de Johnny, 25 de marzo) titulado Cañonazo. Todo parecía estar bien estudiado: en la carátula no saldría Johnny Pacheco sino un grandilocuente El Gran Pacheco, para así marcar distancia con sus producciones en Alegre Recording. Se buscó un tema de la Matancera de 1956 para darle nombre al disco y se hicieron unas fotos con un cañón del Riverside Park de Nueva York para reforzar el mensaje. Como detalle curioso, en la foto sale Johnny al frente de unos timbales, pero este instrumento solo se llega a escuchar en una sola de las 11 canciones. Con el fin de marcar distancia con la Matancera, Pacheco había decidido sustituir las pailas por unos bongós, lo que termina registrando un sonido ligeramente diferente.
Y, por supuesto, todo bajo el paraguas de mi nuevo tumbao. La novedad como norte.
Ahora hablemos con nitidez y tratemos de poner las cosas en su sitio: Cañonazo no es más que una selección de covers de la Sonora Matancera y otras orquestas cubanas, registrada en dos o tres sesiones de grabación con calidad amateur (tres canciones ni siquiera están en estéreo), unos pésimos micrófonos utilizados para registrar las voces y una fuerte tendencia a la copia en casi todos los arreglos de las canciones. Johnny no ha tenido nunca reparos en asumir que él empezó imitando a esta orquesta, y lo cierto es que ese nuevo tumbao le terminaría debiendo mucho a la decana de los conjuntos cubanos. De niño, cuando aún vivía en República Dominicana, Pacheco siempre estaba pegado a la radio disfrutando de las orquestas más grandes de esa época en Cuba, por lo que dar ese cambio no iba a ser mayor problema para él.
Claro, la flauta tuvo que dejarla a un lado durante bastante tiempo.
No he podido conseguir el listado de los músicos que participaron en esta grabación seminal y solo se sabe -porque lo dice la carátula, no vayan a creer- que el todavía joven Pete conde Rodríguez se había encargado de afrontar el canto. La orquesta contaba con piano, bajo, dos trompetas, bongós, tumbadoras, campana y maracas. Hay ciertos cambios en algunas de las letras para acercarlas a la realidad neoyorquina del gueto latino, y por eso se utiliza la palabra barrio. Pero igual se menciona a La Habana cada dos por tres y las referencias cubanas están servidas permanentemente.
Sobre todo las rurales.
El disco comienza con Cañonazo, una guaracha festiva con un título ideal para dar la ilusión de que el disco es un gran lanzamiento. Viene seguida por Como mango, un sabroso son montuno de la Matancera cantado originalmente en 1953 por Bienvenido Granda con una letra breve, pero ingeniosa
   
Parado en la esquina
con la boca abierta
porque vi pasar un pollo
que está:
como mango
como mango

Le sigue Pinareño, en honor a Pinar del Río, y más adelante aparecen Cabio Sile, con reminiscencias santeras, y Campeón, un viejo tema de los 50 de Chappottin y sus estrellas. El kikirikí y Labrando la tierra (cover de un tema cantado por Cheo Marquetti) se escuchan antes que Fanía, posiblemente el tema más importante del álbum

Aro aro macuacuá
Fanía
aro aro macacuá
Fanía
Berequetequí mandiá con 
fanía
berequetequí mandiá
fanía
ese frita mi crocró
fanía
ese frita mi crocró
Fanía

Fanía funché

La letra, compuesta por el cubano Reinaldo Bolaños, remite a un cuento que él escuchó en su niñez sobre una cocinera, llamada Epifanía, que tenía un hijo inválido (y probablemente con deficiencias mentales) que causaba muchos alborotos. En una ocasión, ella estaba en la cocina trabajando cuando su hijo empezó a hacer ruidos y perturbarla, posiblemente pidiendo comida. Como respuesta, ella le lanzó en la cara una cucharada de harina (funche) haciendo que el niño le respondiese gritando Fanía funché.
Nada, a Pacheco le gustó el nombre y decidió usarlo para su nuevo sello, que pasaría entonces a llamarse Fanía Records. El paso del tiempo -y esa bendita manía de no poner los acentos- pudieron haber logrado que el fanía pasase a ser pronunciado fania.
Y así hasta el sol de hoy.
Página del Dakar-Matin del 6 de abril de 1964
Tres canciones más para cerrar el disco: Yo soy guajiro (original del Conjunto Casino y cantada por Alberto Ruiz), El pregonero, otro cover de un viejo son habanero llamado Chicharrones, y, finalmente, un tema original de Pacheco llamado Dakar punto final, el cual no es más que una descarga libre con mucho agarre, dos solos de trompetas excelentes (¿quién sería el trompetista?) y un solo final de timbales bastante solvente. Es probable que este tema fuese elegido como canción de la orquesta, y se le hubiese añadido a última hora la palabra Dakar en homenaje a la primera ciudad africana donde triunfó Johnny Pacheco. O tal vez porque allí esa canción pegó mucho cuando la volvió a visitar en 1964, el mismo año en que fundó Fanía Records. Se cree que fue Johnny uno de los que inspiró la gran ola de versiones de canciones cubanas cantadas en francés e idiomas de la costa occidental africana. Los discos llegaban desde Francia y fueron bien recibidos por numerosos músicos de la región en una especie de retroalimentación por demás interesante.
Este disco vendió bien y permitió generar las primeras ganancias para darle más peso económico a la nueva compañía disquera. Estaba claro que él no iba a permitir que sucediese con Fanía lo que le ocurrió a Al Santiago con Alegre (que tuvo que venderla en 1966 a Tico Records). Y estaba claro también que Masucci iba a convertirse poco a poco en un hombre de negocios exitosísimo, con un gran ojo para detectar éxitos musicales y con muchos contactos para ir generando una especie de gigante discográfico. Pero que conste que empezaron repartiendo los discos en el Mercedes Benz de Johnny y a ofrecerlos en no pocas radioemisoras de la ciudad, a ver si algún DJ se atrevía a radiarlas.
Cañonazo no es gran cosa. No tiene mayor calidad interpretativa ni conceptual, pero sí tiene trascendencia. Henry Fiol lo llamó una grabación pivotal, y con razón, porque lo importante no fue lo que registraron sino lo que significó. Aunque no lo parezca, con este disco la música latina en Nueva York dio un importante paso adelante en su carrera evolutiva. Su éxito moderado entre los fanáticos de Pacheco permitió el crecimiento de Fania Records y, por consiguiente, la ampliación del roster de estrellas (Louie Ramírez, Larry Harlow y Bobby Valentín firmaron en 1965), la consolidación de un sonido y la creación de un fenómeno como el boom de la salsa.
Cañonazo fue la semilla de ese árbol inmenso. Y así debe ser recordado.

3 comentarios :

  1. Espero con ansias el respectivo artículo sobre Jairo Varela y el Grupo Niche, dada la sorpresiva y temprana muerte de Varela Sé que harás un excelente post!

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  2. Gran articulo sobre la musca latina y su expansion por nueva york, un saludo.

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  3. Hay que ver las vueltas que da la vida. Un comienzo bastante humilde de los que llegaron a ser muy grandes.

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